Cuando iba a los museos, mientras los demás iban a por la pieza más conocida, a mí me atrapaba otro interés. Saber cómo estaba montada la exposición, qué recorrido se había trazado, cómo se iluminaba y qué dejaban en la penumbra. Creía que me gustaba la ciencia porque me encantaban los museos de ciencia. Pero tardé en entender que no era la ciencia. Eran aquellas salas donde te dejaban interactuar y ver por dentro cómo funcionaba un mecanismo que a los demás les bastaba solo con mirar por fuera.
En los parques temáticos, con los personajes disfrazados, me pasaba igual. No podía ver aquella “magia”: veía a la persona dentro del traje. Donde los demás veían el espectáculo, yo podía ver el engranaje. Y detrás de este, me hacía pensar en lo mismo, ¿quién lo sostiene?
Me llamo Javier Elías Galán y esa forma de mirar es lo que organiza todo lo que hago.
No siempre estuve delante. Empecé donde el espectáculo se construía. De niño, en los festivales de mi colegio, era el que siempre subía al escenario con un micrófono y una escaleta, y llevaba los tiempos y los silencios de la función. Años después, en el auditorio de Sant Joan d'Alacant, ese instinto se hizo oficio. Hacerse cargo del diseño de proyecciones con QLab, trabajar en el FOH, regiduría de escena… Mi primera vez de stage management fue en una función inclusiva. Es aquí donde pude aprender el oficio por su cara menos visible, que es la que sostiene a todas las demás.
De gobernar la luz pasé a decidir hacia dónde apunta. Pude escribir, producir y dirigir el cortometraje LOSTNILGHT (2026) donde un joven solitario ve cómo su realidad se quiebra cuando el amigo que ha desaparecido reaparece sin explicación. Más tarde, dirigí y produje el documental 70MMORROW (2025), sobre la proyección en IMAX 70mm y quienes aún la defienden frente a lo digital, rodado en el Hemisfèric junto a la Ciudad de las Artes y las Ciencias.
Esta misma atención a la estructura me llevó a fotografiar y al registro editorial. Observar la geometría de un jardín botánico, el claroscuro de un umbráculo al mediodía y la textura del papel cuando una imagen se imprime con rigor. De ahí nace Hortus Botanicus. Y para editarlo al nivel que pedía, fundé el sello independiente THALAMUS Editoriales.
Nunca cambié de oficio en ninguno de esos pasos. Lo que cambié fue de asiento. Aunque la pregunta es siempre la misma, la tenga delante una vitrina, una escaleta, un plano o una página impresa, y es conocer quién está detrás de todo aquello.
No escondo la máquina. Las luces, la estructura, la costura del traje… que se vean. Lo que me importa está dentro.
Miro quién hay dentro del traje.