La búsqueda de un amigo que desaparece se convierte en el retrato de una ausencia.
“A veces sufrimos más por lo que nos imaginamos que por lo que en realidad sucede.”




Atrapado en la angustia por la desaparición de su mejor amigo, un joven solitario ve cómo su frágil realidad se quiebra cuando este reaparece inexplicablemente.
Tenía quince minutos para condensar una odisea de ocho años. No me bastaba con que el espectador comprendiera la historia; necesitaba que la sintiera en la piel.
Fue mi primer enfrentamiento real con la logística cinematográfica. Trasladar el equipo de cámara y sonido desde Madrid hasta la costa de Alicante supuso un reto de producción inmenso para ser mi primer rodaje. Sin embargo, el desafío definitivo de esta obra no residía en la técnica, sino en el trasfondo: utilizar el propio proceso de hacer cine como un salvavidas para recuperar, de nuevo, la ilusión en mi vida.
“Salió de la memoria y de la necesidad de que dos amigos se dijeran lo que en la vida real no se dijeron. Dirigirla fue mi manera de recuperar el control sobre mi propia historia.”
Escribí el guion en apenas un mes, del 10 de junio al 15 de julio de 2025. Lo leí primero en familia y después lo consulté con psicólogos, para asegurarme de que el comportamiento de los personajes y todo lo que los personajes callan se sostuvieran de verdad.
Luego montamos mesas de lectura en mi casa con los actores, y su reacción al llegar al final me confirmó que funcionaba. Rodamos a full frame, recortado a 2.39 en postproducción, con ópticas Canon CN-E 24, 50 y 85 mm buscando la textura y la luz de los años ochenta en España.

Cada límite de producción se convirtió en una decisión narrativa. No teníamos ni presupuesto ni gente suficiente para llenar el vecindario de figurantes de época, esto se hizo con los amigos que podían y cuando podían. Convertí esa falta en su contrario: una calle completamente vacía, que terminó hablando del aislamiento de Alex.
Sin equipo de iluminación ni presupuesto para focos, rebotamos la luz natural sobre el rostro del protagonista con espejos de mano de baño, buscando a mano el contraste que no podíamos comprar. Y cuando rodar en una playa concurrida se volvió imposible por la gente del siglo XXI invadiendo el plano en plena temporada de verano, encontré una cala apartada de rocas, cuyo vacío se convirtió en un lugar fuera del mundo, lejos del ruido, como el estado interior del propio Alex.